Carta 10: 11

Mi querido Guillem,

11, 11, 11, 11 retumba en mi cabeza igual que el trueno en la noche oscura.

Se cumplen dos meses y siguen ahogándome montones de preguntas para las que no tengo respuesta. ¿Porqué a tí?, ¿Porqué tan pronto?, ¿Porqué así?, …

En el fondo sé que nunca encontraré respuestas. Al menos ninguna que me llene o reconforte. Imagino que es parte de la herida que se quedó abierta al marcharte. Herida que nunca se curará y a lo máximo que aspiro es a qué cicatrice lo mejor posible.

Llegaste rápido, viviste deprisa y marchaste pronto, muy pronto, demasiado. En ese proceso dejaste y recibiste mucho amor. Amor de mamá y papá, de tíos y tías, de abuelos y abuelas, de amigos y amigas y de tus mamás de incubadora que ya no solo estarán en mi corazón para siempre, pues a alguna la considero ya amiga.

11, 11, 11, 11 suena, no calla. Siempre estará en mi y en realidad no quiero que calle, por qué tengo terror a esa sensación de que si se silencia es olvidarte o pensar un poco menos en tí. ¿Olvidarte, pensar menos en tí? Eso son dos cosas del todo imposibles.

Mi Guillem, mi niño bonito, te tengo presente en esta y en cualquier otra fecha. Pero en este día me asaltan los recuerdos de nuestra despedida para tu partida, despedida que me gusta pensar algún día se convertirá en reencuentro. Mientras tanto intentaré seguir buscando cierto sosiego en escribir estas cartas con las palabras que nunca querría haber tenido que decir, pero que a la vez me hacen sentir un poquito más cerca de ti.

Mi niño bonito te quiero,

Papá

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