Carta 66: La importancia de despedirse

Hola mi niño bonito!

Hace días que me ronda por la cabeza un tema que actualmente se está hablando mucho: la despedida de nuestros seres queridos.

Todo viene del protocolo establecido por el Covid19, o mejor conocido, Coronavirus, en el que un paciente que está infectado y hospitalizado no puede estar en contacto con sus familiares, pero en el caso de fallecimiento la cosa es aún peor. A parte de no poder abrazar o acariciar a ese ser querido en su último suspiro, se recomienda no hacer velatorios, pero si así se hiciera, sólo serían los autorizados, y siempre con el féretro cerrado. Y al leer el protocolo sólo siento frío y tristeza.

Mira Guillem, despedirse de un ser querido es ya triste, pero lo es más si no hay una ceremonia de despedida, porque se inicia el duelo de forma más dura.

Lo he explicado en muchas cartas, pero no me canso de decirlo, el día de tu partida agradecimos todo lo que se nos ofreció. Poder abrazarte y estar contigo acariciándote antes de que tú corazón se parase, nos ayudó a empezar el duelo sabiendo que nos sentías, que sabías que estábamos contigo, que notabas nuestro calor, el de todos los que estábamos allí. Y el poder tener un espacio para llorarte cuando sólo quedaba tu cuerpecito, el rato que quisiéramos, facilitó aún más la despedida. Por todo ello y por más, siempre estaremos en deuda con Mater.

Y tu velatorio en el tanatorio, que fue parte de tu ceremonia de luz, donde se reconoció que formabas parte de mucha gente, de todas esas personas que nos quieren y que, aunque no sé si se dieron cuenta, pero son testigos de que a pesar de tu corta vida, estuviste no sólo para papá y mamá, sino para todas ellas.

Por todo lo que significaron esas acciones, esos momentos, hoy en plena crisis de Covid19, esta carta va por todas personas que se convierten en luz durante estos días, porque consiguieron sus alas sin sus seres queridos al lado y porque su adiós fue frío y triste. También por esas familias  que comienzan un duelo difícil, porque cualquier perdida es dura pero en estas circunstancias es peor. 

Recuerdo el día que murió mi abuela materna, tu bisabuela, hace ya 26 años. Yo tenía 15 años, y se fue una parte de mi aquel 19 de marzo. Era un sábado y era el día que íbamos al hospital para verla. Y no dió tiempo. No me pude despedir. Mi último recuerdo fue del sábado anterior, cuando, no sé si porque el destino ya avisaba, mi último beso fue en sus labios. No pude ir a su funeral porque estaba de exámenes trimestrales y porque según los adultos, éramos pequeños. Imagínate el dolor que sentía Guillem. Y así durante las dos semanas siguientes, triste, muy triste. Y una noche, en sueños, la vi. Ahora cierro los ojos y vuelvo a vivir aquella imagen de mi sueño. Ella en su habitación junto a la cama hablándome como solía hacer, con su acento cordobés y sus gestos. Fue tan real! Y mi alma se calmó, porqué pude decirle adiós.

Quizás esto pueda ayudar a los que han sufrido una perdida estos días, pero en casa, en soledad o con las demás personas con las que conviven pueden crear pequeñas ceremonias, hacer aquello que recuerde a la persona querida que falleció, puede ser una comida que le gustará, o poner esa canción especial, encender una vela y rezar una oración, o simplemente hablar con esa persona como si estuviera aún con ellos. Puede parecer una locura pero esa pequeña ceremonia será como rendirle homenaje, como una ceremonia de luz.

Si algo he intentado buscar en toda la oscuridad que me llegó hace un año con tu marcha, Guillem, es la luz. Tu recuerdo es lo que me sigue dando fuerzas a pesar de que me siga aún doliendo de vez en cuando el no tenerte físicamente. Y llorar? Llorar es necesario, porque mi alma lo pide, y te lloro porque te siento dentro de mi, y porque tú recuerdo viene a mi claro, como los 6 meses que estuvimos conectados físicamente, como esos 4 días en tu incubadora, como los minutos que estuvisteis entre mis brazos.

Por eso, a los que estos días no puedan despedirse de sus seres queridos, que abracen su recuerdo, sus momentos felices, y que los lloren porque es necesario.

El cielo estos días tienen muchas más estrellas. Dales besos a todas ellas, mi niño.

Te quiero mucho mi Sol, mi estrella, mi ángel de la guarda.

Besitos al cielo!

Mañana más mnb!

Mamá

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